No podria atribuirle otro color. Su color siempre fue el negro. Pero no el negro con significado de luto, el era negro elegancia, misterio, prohibicion. Como sus ojos, su mirada de perrillo hambriento. Esa mirada que me dejaba sin habla. Aunque pensandolo bien, estaba dotado de demasiados atributos que me dejaban sin habla. Adoraba cuando me miraba con esa expresion perruna a la cual no podia negarle nada. Cuando me hacia un gesto señalandose los labios para que sonriese con cierto toque picaro. Cuando le preguntaba cuanto me queria y el me decia "mucho, mucho".
Despues de perderlo, al sonar en boca de otra persona un "mucho, mucho" me hacia sentir un nudo en el estomago. Me sentia incompleta, vacia, como si me hubiesen arrancado parte de mi alma. En cierto modo tampoco podia decir que lo habia perdido, pues nunca lo habia tenido. Era algo tan perfecto como el agua de mar resbalandote entre los dedos, imposible de retener. Era como si me hubiesen restregado una tarta de trufa por los morros y, con todo el ansia que tenia, haberla devorado sin sentir su sabor.
Me senti estupida por no haber sabido actuar como era debido, pero nunca imagine, ni en el mejor de mis sueños, que toparia con una persona tan increible en un lugar asi, en un momento asi. Me hubiese gustado retenerlo en mis brazos, eternamente, pero en el fondo sabia que algo asi jamas podria retenerse. Lo peor de todo es que no podia odiarlo, me habia devuelto la esperanza.
Esperanza por encontrar ese ser perfecto, mi otra mitad, la felicidad absoluta. Me demostro que existia, pero en ese momento, el honor de disfrutarlo no era mio, sino de otra.
Me dolia en el alma pensar que yo ya no era parte de su vida y que debia olvidarlo, pero una parte de mi no queria. No queria dejar atras esos pocos dias tan perfectos que me habian hecho cambiar mi vision acerca de la felicidad. No podia odiarlo, ni podia llorar, ni debia sentirme mal, porque en el fondo entendia la situacion y sabia que era algo irremediable. Aunque no podre negar que maldije mas de una vez a la afortunada que pudo llamarlo suyo, era inevitable.
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